“Un manicomio cuyos pabellones se han convertido en una playa de estacionamiento. El trabajo es ahora mover los coches que dejan los del salón de fiestas de enfrente. Se extrañan los tiempos del electroshock. Está el doctor Nacho que viene de declarar en la comisaría después de una noche en la que cinco camiones hidrantes vinieron a limpiar de locos el portón.. La enfermera Marta. César, un interno devenido en personal de mantenimiento. Fabio, otro interno que quiere volver, mientras intenta escribirle algo a Nacho, que no termina de redondear. Y por último Moni, novia de Nacho y ex de Fabio que es moza del salón de enfrente donde psiquiatras y policías celebran una fiesta interminable.”Puesta en escena muy original. Un delirio entre cuerdos, locos y autos. Todo pasa en un ex manicomio que se ha convertido en estacionamiento. Excelente crítica social sobre los hospitales psiquiátricos y sistemas de salud de la Argentina. Con un poco de soberbia de parte de los personajes, cada uno pensando en su bienestar. Detallan el mismo mundo desde distintos lugares: la locura y la decadencia.
A esta obra fuimos a verla ya que uno de los actores: el que hacía de psiquiatra, fue profesor de clown de mi novio, y no nos podíamos perder la oportunidad de ver más y más teatro. La verdad es que me sorprendió muchísimo ya que no conocía a Artaud y no tenía muchas expectativas. No sé si tiene algo que ver con el dramaturgo francés, pero la historia en sí es muy interesante, sobre todo al tratarse de la insania mental. Esta obra es una creación colectiva que sale de un proyecto de varias muestras, o algo por el estilo, según lo que entendí. Me pareció muy buena y recomendable.
2016
Dirección:Sergio Boris
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